¿Qué hago aquí?




El viento helado corre velozmente alrededor de mí, de frente, como queriéndome atravesar. Siento que no podre mantenerme de pie por mucho tiempo. Todo el cuerpo me duele y se siente pesado. El viento helado quema.

Mi instinto me dice que camine hacia delante, pero el viento no me deja dar ni un solo paso. Si me arrodillo ante él, es un hecho que moriré congelado.

Quiero rendirme, quiero dejarme caer y ser sepultado bajo la nieve que piso. Tal vez dentro de ella me sienta más cálido, más cómodo. Tal vez si me rindo, todo este mejor.

Intentar mantenerme de pie es doloroso y cansado ¿Qué sentido tiene? Estoy peleando contra un evento natural, contra algo que nadie tiene el poder de detener… Creo que solo cederé y dejare que la vida fluya bajo las reglas de este mundo.

Se siente tan bien, solo dejarme caer de espaldas por la fuerza del viento. Como en cámara lenta, disfrute cada milésima de segundo mientas mi cuerpo se rendía a las fuerzas que no podría controlar. Sentí calma, sentí paz, por fin descansare y me olvidare de todo lo que dejo atrás, bueno y malo, todo dejara de importarme en un instante.

En el suelo, con los ojos cerrados esperando a que todo termine. El viento poco a poco se detiene, siento la nieve mojándome mientras se derrite lentamente. Aun siento frio a mi alrededor, el viento leve como una brisa, pero frio, mi ropa mojada con agua fría, no siento mi cuerpo.

Abro los ojos y frente a mí, hay un cielo inmensamente hermoso. Lleno de estrellas, como diamantes colocados sobre una tela de terciopelo completamente oscura. Es hipnotizante, me hace sentir pequeño ante tanta inmensidad, ante tanta profundidad.

Mi cuerpo parece haber recuperado energía, me siento cansado, pero ya no adolorido. Creo que es tiempo de levantarme, aunque estar aquí acostado, con tal maravilla frente a mí, es relajante y se siente bien. Desearía sentirme así siempre, lleno de paz.

Algo me dice que siga. Como cuando te levantas un lunes para ir a trabajar, sin ganas, pero con la obligación por hacerlo. Estoy de pie de nuevo.

Parece que el viento va secando mi ropa de poco a poco. Antes no me había percatado, el viento no me dejaba ver detenidamente mi alrededor, todo lo percibía gris, como cuando estas dentro de una tormenta de nieve. Pero ahora me percato que estoy en la cima de una montaña, parece alta. A mi alrededor hay montañas, es un paisaje de picos. Sé que están lejos, pero por el tamaño parecen cercanas, parecen ser montañas rocosas cubiertas de nieve.

Pero en la montaña en donde yo estoy, ahora está cubierta de pasto, como si de un patio con césped recién cortado se tratase. Huele a tierra mojada, a hierba fresca, no es raro, aunque si extraño, porque en la actualidad estos olores no están presentes en la ciudad, donde el concreto cubre cientos y cientos de miles de kilómetros de superficie terrestre.

Otro cosa de la cual no me había dado cuenta antes, es que no hay luna alguna sobre mí. Pareciese que las estrellas sobre mi logran iluminar lo suficiente como para saber en donde estoy parado, puedo caminar sin problemas y sin temor a pisar algo extraño, o peor aún, sin temor a caer por un acantilado.

Caminare hacia delante, montaña abajo, porque no hay ninguna otra opción. A paso lento, disfrutando lo poco que va quedando de ese aroma que hay en la cima, de ese cielo hermoso, de ese paisaje montañoso y de esa brisa fría, pero acogedora.

Mientras voy bajando, la hierba debajo de pies pasa a ser piedras pequeñas, como de terracería. Las estrellas poco a poco dejan de verse, las montañas cada vez se ven más grandes, y van tapando el cielo. Mientas más bajo, menos corre viento, y aun así, se siente el frio de la humedad.

Si eres fanático de caminar sobre la grava, te encantaría estar aquí, escuchar ese crujir que hacen las piedras cuando vas caminando, esa sensación de relajación auditiva, y ¿Por qué no? también sensorial, porque aun con tenis, se siente la textura del camino en las plantas de los pies.

Llevo un rato, diría yo que horas caminando, la verdad he perdido la noción del tiempo, aunque no me extraña, las montañas a mi alrededor se veían altas, y donde estoy yo no era la excepción, estaba prácticamente a la par de las otras cimas.

Escucho agua, como si pequeñas olas que apenas son constantes bañaran una playa de piedras pequeñas.

Es algo inquietamente que en todo momento haya algo que relaje, es hermosamente inquietante. En mi vida todo es estrés, todo es preocupación, todo es desesperación, miedo y una constante ansiedad, todo es así siempre, a cada momento, a tal grado que cuando tengo un momento de paz o relajación, siento que algo esta mal, que ello no puede ser posible. Pero aquí, en este extraño lugar hay muchos elementos para sentirme bien, aun después de haber aceptado un final para mí.

Por fin, después de tanto caminar cuesta abajo, en medio de la oscuridad y con la suficiente luz para que mis pupilas puedan identificar lo que hay a mi alrededor, por fin veo la costa que escuchaba hace rato.

Arriba ya no se alcanzan a ver las estrellas, el firmamento ahora es todo oscuro. Y frente a mí, las pequeñas olas golpeando la playa de grava. Es una costa enorme, volteo a mi derecha y no le veo fin, lo mismo pasa cuando volteo a la izquierda. ¿Dónde cabe tanta costa cuando desde arriba solo se veían montañas? Acaso ¿entre a una cueva sin darme cuenta? No quiero buscarle sentido, aceptare que estoy dentro de una cueva.

Miro mis pies, me quito los tenis y como era de esperarse, la grava esta fría, acá abajo sigue haciendo frio, pero es muy leve, es soportable y agradable, como estar dentro de una habitación con aire acondicionado.

Mi primer paso dentro del agua. Las pequeñas olas mojan mis pies. Efectivamente, el agua es fría, pero al menos no se siente congelada. Esta sensación, el agua acariciando tus pies.

Unos pasos mas adentro y el agua me llega a la mitad de las pantorrillas. El agua es clara, es transparente. Puedo ver mis pies a través de ella sin problemas. Hace un momento aun podía sentir las ondas que provocaban las pequeñas olas al formarse, pero ahora ya no, incluso ya no escucho a las mini olas bañando la costa. Volteo atrás para confirmar que, de hecho, ya no hay oleaje, el agua se ha quedado quieta de repente, todo se ha vuelto silencio, ni siquiera hay viento que genere un pequeño silbido, no hay nada que genere sonido, todo es tétricamente silencioso, quieto, oscuro y frio.

Regreso la vista dejando detrás de mi la costa. Frente a mi aun se alcanzan a ver unos cuantos metros más de agua. Seguiré avanzando, porque eso me dice el instinto.

Con cada paso el agua se va haciendo más profunda. Ahora el agua llega a mi pecho. Flotare aun rato boca arriba. Es curioso solo flotar sin generar nada de movimiento, es como estar en una cama de agua. Nunca estuve acostado en una, pero supongo que así se siente. El cielo sobre mi es completamente oscuro, no alcanzo ni siquiera a distinguir si es un techo de roca, o es el firmamento sin estrellas, solo se ve oscuro, todo negro.

¿Qué hay debajo de mí? Hasta ahora no he visto vida alguna a parte de la mía, ni siquiera insectos. Pero, y si ¿hay algún mostró marino asechándome mientras floto? Que maldita sensación de incertidumbre tengo de repente. Me pongo de pie por el miedo que me ha dado de la nada.

Estoy completamente quieto, tratando de escuchar algo a mi alrededor, ni siquiera el viento soplando suena, no hay olas, ni movimientos en el agua. el agua se ve oscura por la oscuridad misma, creo que, si hubiera luz, seria completamente transparente.

Nada. Cuando estas acostumbrado al bullicio de una ciudad que esta en movimiento 24/7, el silencio puede llegar a estresar, porque no es lo habitual.

Tendré que seguir avanzando, aunque no se nadar, que tal que el agua se va haciendo más profunda, no sé hasta donde termine esta cueva, si es que es una. Aunque es lo único que queda, necesito salir de aquí, necesito saber que hago aquí. Quiero regresar a mi triste vida.

Hacia delante, y cada vez más profundo, con la mente casi en blanco porque pensar cansa y estresa. El agua al cuello… al nivel de la boca… a la nariz… a los ojos…

Sin pensarlo ni un momento, mientras camino, mi cuerpo se sumerge completamente. No lo había pensado, pero ¿No es para qué debiera flotar? Sigo caminando sobre el fondo, a pasos cada vez más lentos, y aguantando la respiración.

Voltear a ver arriba y seguir viendo oscuro, de hecho, ahora todo esta oscuro, el agua fría y con esa ligera presión que se siente al estar, no sé, calculo que a 1m debajo de la superficie.

Ya no puedo retener más el aire.

Pensé que toda mi vida pasaría frente a mi en este momento, pero solo puedo sentir comodidad, no siento desesperación, no siento miedo. Es como cuando llegue a este lugar, solo siento ganas de descansar y este lugar se siente tan cómodo.

Abro la boca, salen las ultimas burbujas de oxígeno que me quedaban. Mi cuerpo se siente un poco más pesado. No siento un suelo bajo mis pies, al contrario, siento que mi cuerpo cae. La presión del agua es cada vez más fuerte, como un abrazo, de esos que dan cuando no quieren dejarte marchar, de esos abrazos tan fuertes que te hacen sentir lo amado que eres.

Todo es oscuridad, todo es frio e irónicamente cómodo.

***

Notas:
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P.D.
¿Cuándo llegaremos allí?

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